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Soplo Mágicos Disparates

Soplo Mágicos Disparates

La Tongo

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Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes o Veneno pa' la Gente

Perfume para Entes  o Veneno pa' la Gente

I Am Pedro Pietri's Character

I Am Pedro Pietri's Character

Thursday, April 3, 2014



Thursday, October 18, 2012



Theatre ROW – The Studio Theatre
410 West 42nd Street, New York City. 

Wednesday, July 25, 2012

Goleta en Nueva York


GOLETA EN NUEVA YORK
A: Fico García Lorca, mi Pana.

Vengo
de aquelarres,
donde los arrecifes
y macarras
baten aguaceros
desde sus tortillas,

 y por donde el canto
 con bisagra
 cunde
 ánimos
en alfarerías.

 Aproximo
 a naipes
sin sus antesalas

 que con taconeos
de centellas
 curvan
ronroneos,

 donde la arena
del misterio
 contonea sus sainetes.

 Cuadro
por allende
los mares

un solo
silencio de kif
que polvoriza
la alhambra,

atolondra
sequías
desde rascacielos,

 asoma
desde mi goleta
 interludios,

a pocos pasos
de entre
ínsula/península,

y revuelca
de Eros
fronteras

a un Tánatos
que sus pamplinas.
comienza.

Thursday, July 12, 2012

Homenaje a Teresa Valdivieso



Homenaje a Teresa Valdivieso
“Desde la bibliografía de un teatro silenciado hasta el teatro niuyorriqueño: la maestría y teatrología de Teresa Valdivieso”

Carlos Manuel Rivera

Roman-cero, fe de ricos
a: Teresa Valdivieso,
mi nueva Maestra.
Ella me lleva a los misterios de la hispanidad.
¡Viva nuestra lengua españolidad!

¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!
¡ Allá vienen, allá vienen!

Buscan de su nido las almejas
logran de silencios
su verdad.

¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!

Traen de su manto
sus palabras
corren en sus manos
el amor.

¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!

Triunfan de solsticios
alegrías.
Riegan de su polen
igualdad.

¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!

Paren de su nido,
la noticia.
Silban de sus moros
el clamor.


¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!

Riegan de sus cales
el indicio
marcan de sus males
libertad.

¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!

Bailan del flamenco
sus manjares
ruegan de loores
su cantar.

¡Allá vienen los gitanos,
allá vienen!

Círculo de claves
sus atuendos.
Surcan de su parte
fe de ricos,
alimentan lunas;
sensibilidad.

publicado en Soplo mágicos disparates, 2003.


            “¡Allá vienen los gitanos, allá vienen!” Con en este poema, inspirado en García Lorca y dedicado a ella se inició el camino, las aproximaciones, La bibliografía de un teatro silenciado; pausa... intuición. Teresa Valdivieso, un Personaje Principal en mis papeles inconclusos y fragmentados en el quehacer de la vida, la belleza, sus detenimientos, asunciones y proezas.
            Entronar una crónica de años, vivencias, quehaceres, fracasos, empeños y triunfos es una pequeñez que no se resume en someras hojas y palabras. Teresa Valdivieso tomó mi mano y me hizo descubrir que el mundo era mío y sería mío. Acercarme a ella y seguir el camino, las huellas en la que se iluminaban con descubrimientos, hipótesis, teorías, análisis; pero nunca conclusiones, era la maestría que te inculcaba el saber. Desde que llegué a Arizona, siempre supe que ésa era la guía. Me encanté con ella y ella me cobijo y me impartió su cátedra, su experiencia, su investigación, su sapiencia y su protección.
            Siempre intuí que ésta era la última etapa de los grados académicos y seguir las huellas, como Guajayona, el indio taíno, cuyas sus madres de la Isla de Martininó cambiaron su esencia. Asimismo, sin recriminaciones, cuando quieres obtener una meta, se entrega a esa sapiencia que tú reconoces de antemano y que te va a llevar a tus resultados. Claro, había que emprender un plan con estructuras, bosquejos que ella corregía y te corregía hasta el cansancio tuyo, pero no el de ella. Ella no tenía límites, una maestría de conocimientos, experiencias, intuiciones, prácticas, metas y búsquedas de conclusiones infinitas.
            De esta forma se emprendió la jornada. Tomé con ella un curso de metodología para la investigación académica y ahí comenzó el trayecto. Aprendía, escribía y ella calificaba y editaba. Era un proceso con unos pasos, aventuras y decepciones. Yo había aprendido a investigar y escribir, pero no sabía que tenía dentro de esos pasos que corregir y adelantar, lanzándome a la aventura. La 'Valdi' me apoyaba siempre. Decía que yo tenía muchos talentos que habían que ordenar.
            El curso de bibliografía fue el primer escalón para realizar aquella disertación sobre la intertextualidad de las obras del teatro español de los clásicos, Valle-Inclán y el esperpento, La Barraca y los dramas de García Lorca, como también del Teatro Pánico de Arrabal de los sesenta y El Teatro Furioso de Francisco Nieva. Por supuesto que tampoco faltaba El Nuevo Teatro Latinoamericano hasta su conexión con el drama puertorriqueño popular de Pedro Santaliz y sus viajes de Nueva York a Puerto Rico. Por esta razón, se escribió “ El esperpento puertorriqueño: El Nuevo Pobre de América de Pedro Santaliz”, título de mi tesis doctoral que luego se publicó como libro por la Editorial Gestos, 2005. Ahora todo ese conocimiento y metodología desembocan en el teatro niuyorriqueño que investigo con la figura de Víctor Fragoso.
            De esta manera y, como acto de magia y seguimiento, con ella entré en el teatro español de todas las épocas. La 'Valdi' sabía mucho, era cultísima, especial; tenía siempre como Bernarda Alba, el bastón, pero no el de la represión, sino el de toda libertad que puede tener un intelectual y artista que conoce y trabaja su disciplina. Ella se entronaba, aparecía y representaba los grandes caracteres del teatro español y sus vestigios: Trotaconventos, Celestina, Doña Inés, La Marica del Reino, La Bernarda y otros que seguían en mis imágenes. 
            Me llevó por todos los caminos del teatro español desde los clásicos del Siglo de Oro, el teatro dieciochesco, el romántico, el realista hasta el del mundo contemporáneo. Me enseñó al teatro “undeground” su tesis doctoral y así conocí a: Miralles, Ruibal, Nieva, Muñiz, Martínez Medeiros, Riaza y Martín Recuerda, por mencionar algunos. En ese momento la profesora no quería saber de ellos y apasionadamente me descubrió a Sanchis Sinesterra, una figura bastante nueva y atrayente para ambos. Había que buscar aquellos nuevos dramaturgos, los cuales no se habían investigado sus aportaciones al mundo hispánico, ya fueran españoles, hispano-americanos, hispano-caribeños o hispano-estadounidenses.
            De ahí al escenario! Montamos dos piezas en dos momentos diferentes e hicimos teatro juntos. Una fue del teatro salvadoreño para La Primera Conferencia Internacional de Literatura y Cultura Centroamericana, y la otra para El Congreso de Parodia, Ironía, Risa y El Humor Grotesco en las Literaturas: Latinoamericana, Peninsular, Luzo-Brasileña y Chicana con la obra del Teatro Fronterizo de Sanchis Sinisterra, autor de ¡Ay Carmela! Ella confió en mí y yo en ella. Actuamos en teatro y representamos. Ella elaboraba los libretos y se presentaba como directora de teatro. Esos montajes se realizaron con técnicas que van desde la narración, la declamación, el absurdo hasta el travestismo. Era excelente en todo. Teresa Valdivieso era una magnífica directora de teatro y gran actriz. Siempre le dije que me recordaba a mis heroínas del teatro y la literatura en Puerto Rico: Alejandrina Céspedes, Piri Fernández de Lewis, Gloria Arjona, Angelina Morfi, Aurora de Albornoz, Gilda Navarra y Victoria Espinosa.
            La 'Valdi' era el último escalón de toda la teatralidad de vida y enseñanza. Hicimos un homenaje a la poeta Claudia Lars de El Salvador como corte de cinta. Ensayamos, analizamos  e hicimos todo el montaje bajo su dirección y actuación. Pasamos por todos los procesos que van desde la investigación teatral, la imaginación hasta el montaje de una pieza de teatro. Me acuerdo de su motivación, su élam poético y su maestría en el teatro. Yo, para ella, era uno de los estudiantes con los cuales "se hace camino al andar" y, juntos en la investigación teatral y el montaje, se realiza una representación minimalista. Teresa Valdivieso conocía el teatro, lo amaba y era una de sus máximas pasiones, aunque en silencio lo callara y ocultase. Ella era excelente actriz y ddlicada artista; pero la vida, la misoginia y el discurso patriarcal eran retos que no se dejaban en la mesa, se batallaba contra ellos, se transgredían y se subvertían hasta culminar en desconstrucciones.
            También "hice camino al andar" por otros teatros y teatristas del mundo internacional, en especial aquéllos que me aportaban ciertas innovaciones y continuidades con el pasado en los teatros que ahora investigaba, entre ellos: La Patafísica de Alfredo Jarry, el teatro de las primeras vanguardias—el surrealismo, el dadaísmo, el futurismo y el cubismo– el teatro de la crueldad de Antonin Artaud, el teatro del absurdo de  Samuel Beckett, el teatro existencialista de Sartre y Camus, el teatro épico de Bertold Brecht, el teatro de Jean Genet hasta desembocar en el teatro feminista español y latinoamericano, el teatro posmoderno, los happenings del Living Theatre de Julian Beck y Judith Malina, el performance de La Furis dus Baus y el posteatro del presente. Este trayecto me abriría el enfoque que necesitaba para desarrollar y culminar la disertación.
            Por otro lado, con ella me adentré en el teatro latinoamericano con obras que van desde el teatro colonial, los clásicos, El Nuevo Teatro Latinoamericano sesentista-setentista, con autores como: Osvaldo Dragún, Enrique Buenaventura, Emilio Carballido, José Triana, Sergio Vodanovic, Egon Wolff, el grotesco criollo argentino, el teatro de Roberto Arlt, El Teatro Abierto Argentino, por mencionar algunos. Tampoco dejamos a un lado el teatro Malayerba de Arístides Vargas que en sus últimos años 'La Valdi' investigaba junto a otros dramaturgos ecuatorianos, como también, el teatro guatemalteco.
            Por supuesto, toda esa historia, escuelas, movimientos, técnicas, metodologías que conectarán con el teatro puertorriqueño y que me dirigían a penetrar en dramaturgos como: Emilio Belaval, Manuel Méndez Ballester, Francisco Arriví, Gerald Paul Marín, René Marqués, Luis Rafael Sánchez y, no menos importante, Pedro Santaliz, mi héroe y su Teatro Pobre de América. Esto no constituyó un desenlace, sino se transformó sólo en un punto culminante que me abrió aún más el horizonte para continuar investigando y estudiando a otros teatristas que desde los márgenes han apuntado ser parte intrínseca en la historia del teatro puertorriqueño. Todos ellos fueron en alguna época de mi vida profesores, directores, colegas actores y proyectos de dirección, como: Abniel Marat, Antonio Pantojas, Oscar Giner, Myrna Casas, Lydia Milagros González con El Tajo del Alacrán y Zora Moreno.
            Según han pasado los años esta maestría de investigación, dirección, actuación y representación teatral me fue trayendo al teatro niuyorriqueño que no sólo se escribe en español, sino también en el inglés o en la diglosia del Spanglish. Esto autores compartirán con el teatro de Víctor Fragoso y de otros como, Pedro Pietri, Miguel Piñero, Miguel Algarín, Tato Laviera, quienes han continuado con la cultura e identidad puertorriqueña desde la diáspora, desde la transterritorialidad, desde la posidentidad y desde un metalenguaje que contribuye a la realización de una obra teatral puertorriqueña en la Ciudad de Nueva York.
            Por último, no para concluir, sino pausar, hacer un interludio porque faltarían millones de palabras, crónicas, ponencias, artículos, libros, cursos que revelarían ese caudal de conocimiento y cultura que poseyó Teresa Valdivieso. Así pues,  en este "aparte"  debo confesar que en los  últimos doce años, he cambiado hasta el nombre, ya no el Carlos Manuel, Carlitos, sino en estos momentos, Carboinael Rixema, quien fuertemente se ha ido dedicando a representar ASI MI NATION (2010)–una escritura creativa, ya sean en poesía, performances, monólogos, obras de teatro, clases–todos con la consigna de poner en práctica el espíritu de La 'Valdi', de su tesoro de conocimientos, su legado de sabiduría y amor.
            Mi vida artística, intelectual, académica y personal siempre le estará agradecida a ella y, como aquel último día que la vi aquí en Madrid en el 2004, cuando nos despedimos con abrazos y besos de nuestro viaje por Murcia y por Lorca, le vuelvo a susurrar: “hasta luego, nos mantendremos en contacto”. Esto no era un "adiós", sino un "hasta siempre".
Doctora Valdiviesi, La 'Valdi', Teresita: eres y serás un máximo ejemplo de la catedrática sabia y humana, de la pedagogía abnegada, de la amiga sincera. Te creo inmortal porque para mí has sido, eres y serás el gran pilar del Depto. de Lenguas y Literaturas de la Universidad Estatal de Arizona y porque mi vida será la prolongación de tus aportaciones al mundo académico y cultural de España, Estados Unidos, Latinoamérica, El Caribe Hispano, el mundo internacional y Puerto Rico–¡Mi Patria!


Friday, April 13, 2012

Radiografía de un quehacer femenino dominicano: la poesía de Milagros Cedeño



Radiografía de un quehacer femenino dominicano: la poesía de Milagros Cedeño”
Carlos Manuel Rivera, Ph. D.
Catedrático Asociado Bronx Community College, CUNY.

         Integrar a los archivos de la cultura una radiografía de un quehacer femenino antillano, que de papeles, pulsa y retiene cuantos de dinamismo, es un viaje a la iluminación, al descenso de un aquí, un ahora y un más allá en los inicio de nuestro milenio. Es un estoy y permanezco, pero mientras más me detengo en ese “no sé qué”, no debo registrar ni paralizarme en aquellas voces alfabéticas que exigen esos diccionarios literarios elitistas, llenos de exclusiones, vacíos y silencios.
            Así, los poemas de Milagros Cedeño exhuman un andamiaje por ese macro y micro que en correspondencia cósmica también exhudan ese élam de la existencia, del drama y de la lírica. Es como penetrar por los huesos de una escritura  que en bagaje escatológico, exigen de osarios, aquellas osamentas que como parto, reclaman un espacio macandálico femenino.
            Es como concebir aquellos trazos genealógicos que viajan desde las mujeres de Martininó, como apuntaba Fray Ramón Pané desde su escritura etnográfica, hasta arribar por la poesía sorjuanística como punto de partida. Es como percibir el legado continental e insular de: Delmira Agostini, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Julia de Burgos, pasando por sus compatriotas Carmen Natalia Martínez y Aida Cartagena Portalatín, y sin olvidar al tronco inamovible de nuestra madre dominicana, Salomé Ureña.
            Es como una activación conglomerada de esa sinergia que Gea concede a la Confederación Antillana y Latinoamericana en conversión panlantina, desbordando imaginarios que la cultura reinventa antes que el culto mariano se entronizara como espejo de perfecta casada. Es decir, es la antesala ante una variada representación de proyecciones transgresivas, de la cual entendemos que la escritura femenina no intenta empoderar, sino responder ante un horizonte de enérgica contingencia que la categorización binaria patriarcal busca hegemonizar y ocultar como antinomia.
            Demás está decir que en el Caribe el hispanismo tomó su radio a través de transculturaciones, mestizajes, mulatajes, hibridaciones y sincretismos; sin embargo, el  avasallante arielismo ha coqueteado sin rendirse ante una Ciudad letrada, como una constante  ceguera ante aquella metamorfosis alquímica que el indio Guahayona imprimió por inspiración y acción femeninas en Las Antillas, según lo que le contaron al fraile jerónimo. De esta forma, dentro de esa Violante universal a Lope de Vega en su clásico soneto, se retan aquellas fronteras que como mímica anacaoniana y no calco europeizante pare de entrañas, símbolos, imaginarios y experiencias ante la heterogeneidad de sujetos femeninos que viven en América.
            De esta parte que estos poemas exijan una difusión de sus dispositivos para revelarnos aquella encomienda que pide la ruptura del silencio a aquellas voces que desde el margen y la violencia epistémica por sus inclinaciones disidentes al androcentrismo occidental han sido detenidas. Así esta poesía como una Medea que por derecho propio no asesinó a sus criaturas, sino se enfrentó al sistema para exigir desde su hado mutable los derechos de libertad que no se sujetan a las leyes del patriarcado y a la división binaria y jerarquizante de los géneros.  
            Es una invitación como lectores/escuchas a una poesía como simiente cultural hispana que establece que ser mujer no representa la sumisión ni la esclavitud al discurso falologocéntrico, sino como guerrera y como fecundadora en la tierra por Decreto Divino, demanda que se recreen de una creatividad multitemática, como pacto con El Creador, que se manifiesta en tópicos que van desde la muerte, la maternidad, la orfandad, el desengaño, el adulterio, hasta la violencia doméstica. Por lo tanto, como ejemplificaciones denunciantes ante el discrimen y la barbarie políticas de nuestra condición social planetaria, los poemas de Milagros Cedeño son un llamado a la redención, a la conciencia de vivir y aspirar a una mejor calidad frente a las rocas que se  nos impone, siendo este mundo, uno de bienestar para todos, aún con nuestras diferencias.









Friday, March 9, 2012

DEAN ZAYAS, un poeta de la escena




DEAN ZAYAS, un poeta de la escena
por Carlos Manuel Rivera*
            En mis imaginarios se recrea un ángel que descendió de los cielos a una Arcadia o bello campo, en la cual su naturaleza lo envolvió de tanta magia que por voluntad decidió quedarse en ella. Esa Arcadia, hoy Gran Urbe, Caguas, Ciudad Criolla recibió el alumbramiento de Dean Manuel Zayas León y Pereira.
            Siguiendo con mis imaginarios para activar mi crónica real, visualizo que ese ángel niño vio, o valga por la redundancia, imaginó una compañía de cómicos de la legua y fue formando lo que lo inspiró a realizar su viaje para llegar a ese “lugar donde se ven los dioses”, el teatro. De ahí, pasa a Nueva Jersey, Nueva York, la Gran Manzana y más tarde a mediado de los años sesenta a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y su Departamento de Drama, hoy en día y eternamente, su morada o Castillo interior.
En el Departamento de Drama, Dean aprendió muy pronto la disciplina del teatro. Apareció como actor en obras que van desde los grandes clásicos del teatro griego, como Edipo Rey de Sófocles hasta la vanguardia sesentista del teatro latinoamericano, europeo y norteamericano. Luego, comenzó allí mismo, como estudiante, el gusto por las letras, la poesía y se lanzó a escenificar aquellos versos que desde su intrínseca subjetividad lo harían, hoy por hoy, un poeta de la escena, uno de los más grandes directores del Teatro Nacional Puertorriqueño desde los años sesenta, a finales del s. XX y los principios del s. XXI.
Más tarde, retorna a la Ciudad de Nueva York a continuar estudios graduados del teatro y a su Vuelta al hogar se integra a continuar con la labor, como muchos de los poetas de la historia, al magisterio, la cátedra y compartir con otros grandes maestros y artistas del teatro como: Nilda González--quien lo reclutó--, Gilda Navarra, Maricusa Ornés, Gloria Sáez, Myrna Casas y años más tarde, la Gran Sacerdotisa y Chamana, Victoria Espinosa. Del mismo modo a través de los años se convirtieron en sus colegas estudiantes destacados como: Idalia Pérez Garay, Rosa Luisa Marques, José Félix Gómez, José Luis Ramos-Escobar, María Eugenia (Cuca) Mercado, Julia Thompson, Carola García, Teófilo Torres y Jacqueline Duprey, por mencionar algunos de ellos.
En sus clases enseñó y dirigió a hoy en día grandes actores, profesores, técnicos y artistas generales del teatro que por décadas hemos continuado atrapados por su magia y que decidimos entronar la disciplina hasta nuestro desenlace en la vida como mortales, pero inmortales en la eternidad como los dioses del Olimpo. Dean, ha dirigido miles de obras que fluctúan desde los clásicos de todas las épocas hasta la contemporaneidad posmoderna, a la cual también aporta por su misión y responsabilidad ética, social y educativa con su patria.
Muy niño, en los años setenta, veía un programa de televisión en el Canal 6 Pequeño estudio. Allí, se entrevistaban actores y directores, teatreros en general y cada uno de ellos representaba o mostraba algún ejemplo de sus logros en la escena. Recuerdo a Ernesto Concepción y su insigne monólogo Rompecabezas de Clara Cuevas, Elsa Román y 27 vagones de algodón de Tennesse Williams, Gloria Sáez y sus diseños de vestuario para Las mujeres sabias de Molière, por mencionar algunos. Ese programa no me lo perdía y fue ahí, donde comencé a admirar y amar a Dean Zayas, mi Maestro.
            Nunca sabría que en mis últimos años de escuela superior ganaría una beca de La Parroquia Santa María de Los Ángeles en la urbanización La Riviera en Río Piedras, donde hice mis pininos en el teatro bajo la dirección del tenor, Alex Vásquez, para estudiar y conocer personalmente a Dean Zayas. Era la Academia de Teatro de Medina y las clases se daban en el Colegio La Inmaculada en Santurce. El profesor me enseñó la primera clase de actuación de mi vida. En una retrospección, me acuerdo que en un ejercicio de la clase me dio el papel de Don Chago de La carreta de René Marqués, junto a mí estaban otros en la clase, quienes también siguieron y siguen hoy día el arte de la actuación; dos ellos han fenecido muy jóvenes, Neil Peña, niño en aquella época y Verónica Santaliz, la sobrina de Pedrito; y hoy, aún vigente, hecha una gran actriz, Ángela Mari.
 En el 1981, año de la huelga ingresé en el Departamento de Drama que dirigía Dean Zayas. En esos años había una generación muy talentosa, disciplinada y activa de teatreros. Tomé muchos cursos con El Maestro desde actuación, historia del teatro, dicción de segundo año y formé parte del Teatro Rodante. Dean seguía formando con sus versos la puesta en escena. Crecía y crecía como poeta de la escena. Vi muchas obras que  escenificaba y la más grandiosa de aquella época Canción de Navidad de Dickens. Era un sueño, una exquisitez, una valiosa estética de teatro, ¡qué belleza!; movimientos, actores, canciones, escenografía giratoria, vestuario, luces, todo lo que la magia del teatro apodera para realizarse y transformar mentes y seres humanos en todos los sentidos, pero uno en particular, la sensibilidad. Dean Zayas como poeta de la escena causa en sus espectadores estesia, sensibilidad.
He aprendido de él tanto desde el arte de la actuación, la dramaturgia, la investigación, la puesta en escena, la dirección y toda labor que hace con devoción y entrega un verdadero teatrero. Así también me enseñó y compartió sus vivencias de la grandes heroínas del teatro, la danza, la poesía y la vida, quienes después se convirtieron en las mías: Gloria Arjona, Piri Fernández de Lewis, Angelina Morfi, Aurora de Albornoz, Marielisa González y Luz Minerva Rodríguez.
El Maestro se ha destacado con su poética escénica con dos grandes aportaciones: el teatro de Tennessee Williams y el teatro español del Siglo de Oro . Sus puestas en escena de Un tranvía llamado deseo y Los melindres de Belisa de Lope de Vega son insuperables. El realismo poético de Williams entra en los espectadores con una energía transformadora que surge de la mano de este gran director. Es un acto casi inexplicable que te hace vibrar cuerpo, mente y espíritu. Definitivamente es un acto realizado por un taumaturgo. Así, este taumaturgo entra al buen decir y a la estética de lo sublime con el teatro del Siglo de Oro, que desemboca en la distorsión de la realidad que también hace maravillosamente con el Esperpento de Valle-Inclán. Eso no se queda ahí, hay que ver sus montajes de Shakespeare, ricos de una sensibilidad lírica y una racionalidad ideológica casi indefinida. Ver Sueño de una noche de verano en La Glorieta de la UPR era un delirio, una pesadilla, en el buen sentido de la palabra. Lo es también sus montajes de las obras costumbristas del s. XIX en Puerto Rico, en la que formé parte del elenco original en el 1986 en el Anfiteatro, Julia de Burgos de la UPR. Era una poética de la escena impresionante. En ello habitaba una gran inteligencia ideológica e histórica de la época en la Isla que muy pocos han realizado con tanta verosimilitud.
            También en aquellos años ochenta dirigió las grandes telenovelas. En algunas de ellas hice mis bolitos. Uno seguía aprendiendo con El Maestro de su sabiduría como guía en el arte de la actuación, que es inigualable a otros maestros que he tenido fuera de la Isla de Puerto Rico, y nadie reemplaza ni supera a mi Gran Mentor, Dean Zayas. Precisamente fue él, el que me dio cartas de recomendación para hacer mis estudios graduados en teatro y literatura. A él le debo mi carrera de 23 años de profesor de literatura latinoamericana en los Estados Unidos. Hoy por hoy y eternamente se le debe la existencia de un teatro nacional a Dean Zayas, poeta de la escena, maestro, mentor, padre y sobre todo, mi gran amigo. Dios lo Bendiga, eres y serás una inspiración para mi vida y para la vida de todos los miembros de la Gran Familia del Teatro Puertorriqueño.
                  * El autor es actor, escritor y Catedrático Asociado de Español en Bronx Community College, City University of New York.